Caminata entre arcoíris por Sudáfrica

Apenas recibo las valijas en la habitación, no quiero dejar pasar un minuto más. Ansio llegar hasta la caída de agua que ahora sólo escucho y, dicen, es la más ancha y la más alta del mundo. Emprendo la breve caminata. Atravieso el vecino hotel Zambezi Sun (ambos pertenecen a la cadena Sun International) y aparece la estatua de Livingstone, explorador escocés que en 1855 descubrió las cataratas que los tocaleas disfrutaban hacía rato, y las bautizó en honor a la reina Victoria.

Es el comienzo del sendero que, paralelo al río, se adentra en la jungla y conduce a la catarata.
Truena el agua. Son 1.088 metros cúbicos que caen por segundo en un único salto de 1,7 km de ancho y 92 metros de altura promedio (en su parte más alta alcánzalos 108 metros). La falla es tan angosta que en casi todo el recorrido se camina a pocos metros de distancia de la catarata. Cara a cara con la cortina de agua, una escultura de la naturaleza. Arcoíris de distintos tamaños se dibujan y desdibujan como lucecitas en un pino de Navidad. Según la leyenda de los habitantes originarios, fue la furia de Nyami Nyami, el dios del agua, la causante de que el río se convulsionara hasta convertirse en poderosa catarata.

El Nyami Nyami, mitad pez, mitad serpiente, tallado en madera como colgante para el cuello, es el souvenir de rigor en Livinsgtone. Aun para agnósticos, es cierto que algo místico sucede al recorrer el Knife Edge Bridge (Filo de Cuchillo), puente de 10 metros de largo que se adentra en el spray de la catarata. La sensación es única: de ida y de vuelta, con impermeables o en traje de baño, todos pasamos gritando de euforia al recibir la lluvia torrencial de abajo, de los costados, de arriba. Rendida a los baldazos de Nyami Nyami, avanzo atravesada por decenas de arcoíris, sin poder casi abrir los ojos en esta nube blanquecina, en el pasaje más intenso que haya experimentado a flor de piel. El agua golpea, sacude, acaricia, revela. Al salir del puente, completamente empapada, río con excitación de niña.

En la baja temporada, de septiembre a enero, el río tiene menos caudal de agua, y no se forma spray. En contrapartida, puede verse con mayor claridad la caída de agua y, además, nadar en piletas naturales a metros de la catarata.