Comienza el viaje por Sudáfrica

Quince minutos de caminata separan mi cama de habitación de iujo de una de las siete maravillas naturales del mundo. Estoy en Zambia, para ser más exacta, en la habitación 5040 del sofisticado hotel The Royal Livingstone, a orillas del río Zambezi. Una cebra pasa como si nada por mi porche privado. Me levanto, abro la puerta vidriada, la cebra se aleja, pero entra el sonido del caudaloso Zambezi, que a unos mil metros del hotel entrega sus aguas a una peculiar falla geológica para formar la maravilla: las cataratas Victoria, gema turística de Zambia. En la orilla opuesta está Zimbabwe, país copropietario del fabuloso salto.

Atravieso el jardín arbolado hasta llegar al muelle-deck del hotel, desde donde se ve el cercano abismo del río y una nube vertical de 200 metros de altura, atravesada por arcoíris de distintos tamaños. La imagen onírica es “el humo que truena”.

(.Mosi-oaTunya, en lengua tocalea), una constante columna de vapor de agua que de febrero a agosto, cuando hay más agua en el río, puede elevarse hasta 500 metros y distinguirse, aseguran, a 50 km de distancia. El rugido del agua furiosa le dio nombre a la zona protegida que rodea el salto: el Mosi-oaTunya (de 7 km2) es uno de los 19 parques nacionales de Zambia. Del lado de Zimbabwe, la reserva fue bautizada de manera nada metafórica: Parque Nacional Cataratas Victoria.