Hoy conocemos: Johannesburgo

Johannesburgo (también llamada ‘eGoli’, ‘Ciudad Dorada’, ‘Joeys’, ‘Jo’burg’) se halla a 1.753 m sobre el nivel del mar, en una elevada meseta de la Alta Sabana del Transvaal.
Johannesburgo nació como pueblo minero en 1886, cuando se descubrieron los fabulosamente ricos depósitos auríferos del Witwatersrand, y su tasa de crecimiento ha sido fenomenal. Hoy en día, habiendo alcanzado una población de 2 millones, la urbe más grande de Sudáfrica y la tercera de todo el continente africano, posee una multitud de restaurantes, cines, teatros, nightelubs, discotecas: en suma, un notable muestrario de diversiones contemporáneas. Sin embargo, la veloz expansión de este coloso de oro que se constituyó en centro financiero y comercial del país, no impidió que Johannesburgo fuese también sofisticada, docta y hasta elegante. Su magnetismo y clima tonificante convocan a visitantes de todas partes, y así, pues, es cosmopolita y plena de vitalidad. En sus calles, verá usted gente de todas las razas, colores y credos y escuchará hablar las lenguas de Africa, Europa y del Oriente.

Mantiene estrechos lazos con sus días iniciales, cuando era escenario de la búsqueda de oro más intensa del mundo. Muchas de sus calles – Claim (Pertenencia), Quartz (Cuarzo), Nugget (Pepita de Oro) – así como las mansiones edificadas por los magnates mineros, esbozan la historia de sus orígenes.

Todavía puede uno penetrar en las obras subterráneas de una mina cercana o ver como el oro fundido toma la forma de lingotes. Johannesburgo oficia de punto de partida para incursiones en las principales zonas turísticas del país.