Isla Zapatilla, un paraíso panameño

Esta isla virgen y deshabitada es la más alejada de la ciudad de Bocas del Toro. Se encuentra a 45 minutos en lancha de la isla Colón. Es una playa desierta, sin paradores ni bares, donde reinar, la selva y el mar. Ofrece la imagen soñada del paraíso tropical caribeño, como sólo se ve en las revistas: playas de arena blanca, palmeras y un cálido mar cristalino.

Apenas di un paso sobre la arena y miré a mi alrededor, supe que aquél era un lugar especial. Iftah, iniciador como de costumbre, propuso recorrer la isla entera bordeando la orilla. En apenas 30 minutos dimos la vuelta completa, prueba suficiente de la mínima superficie del lugar. En algunos sectores, la orilla se desdibujaba y teníamos que cruzar por el mar o sorteando las palmeras.
Cuando empezó a oscurecer, el conductor de la lancha nos incitó a emprender la vuelta. Por última vez, recorrimos a toda velocidad los senderos acuáticos. Yo miraba las islas desiertas que íbamos dejando atrás, y pensaba si alguna vez volvería a visitarlas…

A mitad de camino, el motor de la lancha se apagó. Nos quedamos un rato en silencio, en medio del mar. El conductor parecía calmo, expectante. Con su mano, señaló un punto en el horizonte: tres delfines cruzaron delante nuestro. Fue un momento único. Quisimos nadar con ellos, pero él nos advirtió acerca de la presencia de medusas. Iftah, quizás por su mala comprensión del español o simplemente por su ingenua espontaneidad, no dudó en abandonar la lancha y lanzarse al agua. Pero sólo logró asustar a los delfines. Los vimos perderse a lo lejos.

De regreso al hostel, nuestros amigos israelíes nos prepararon comida autóctona de su país como agasajo. Resulta extraño cómo uno se puede sentir tan unido a alguien que poco antes era prácticamente desconocido. Se forma un vínculo íntimo y especial, casi familiar, incluso siendo consciente de lo efímero de ese encuentro. Finalmente, los idiomas se unifican y las diferencias culturales se acercan. Más tarde nos cantaron algunas canciones en hebreo, acompañados de una guitarra y una flauta. Fue la despedida perfecta.